Bloggear: nueva actividad que desde hace 10 semanas he adoptado como responsabilidad semanal.
Su periódica actualización permite una evolución de estilo: de lo descriptivo de las dos primeras entradas a una prosa más personal, trabajada y concisa. Aunque tal evolución denota los fallos iniciales, apreciar los cambios permite el progreso.
Su naturaleza, a título personal, era explorativa y experimental. Dicha exploración, en forma y contenido, ha permitido despertar inquietudes y sentar finas bases para la posterior elaboración de blogs más personales.
Aunque su publicación no ha cumplido completamente el principio de periodicidad, siempre se ha intentado plasmar reflexiones personales sobre diferentes temas relacionados con la interactividad, des de distintas aplicaciones cibernéticas.
Bloggear: dícese de la actividad que se aparta (que no olvida) hasta disposición de más tiempo.
martes, 8 de diciembre de 2009
Tengo un tractor amarillo...
Existe una nueva moda: la de ser granjero.
Mientras que en el siglo XIX se vivió un desplazamiento demográfico del campo a la ciudad en busca de nuevas oportunidades, ahora, dos siglos más tarde, parece ser que el proceso se repite, aunque invertido y en una dimensión diferente: la de internet.
En plena vorágine globalizadora e interactiva, Facebook se ha inventado una nueva forma de intercambio. Si nos parecía novedoso enviarnos inbox, twitts o colgar algún post en el muro del vecino, ahora tendremos que acostumbrarnos a recibir fruta de la pasión virtual (con mensaje subliminal incluido, claro).
Farmville es el sueño bucólico del siglo XXI. Sus habitantes “trabajan” para hacer de su granja un bonito y virtual lugar donde pasar las horas libres (y no tan libres) mientras visitan otras granjas, se envían vacas de regalo y conrean los campos del vecino.
He aquí otro ejemplo del sinfín de opciones que internet ofrece a sus usuarios para que compartan, interactúen y vivan en comunidad, aunque en este caso, con sembrados y cobertizos de por medio.
Mientras que en el siglo XIX se vivió un desplazamiento demográfico del campo a la ciudad en busca de nuevas oportunidades, ahora, dos siglos más tarde, parece ser que el proceso se repite, aunque invertido y en una dimensión diferente: la de internet.
En plena vorágine globalizadora e interactiva, Facebook se ha inventado una nueva forma de intercambio. Si nos parecía novedoso enviarnos inbox, twitts o colgar algún post en el muro del vecino, ahora tendremos que acostumbrarnos a recibir fruta de la pasión virtual (con mensaje subliminal incluido, claro).
Farmville es el sueño bucólico del siglo XXI. Sus habitantes “trabajan” para hacer de su granja un bonito y virtual lugar donde pasar las horas libres (y no tan libres) mientras visitan otras granjas, se envían vacas de regalo y conrean los campos del vecino.
He aquí otro ejemplo del sinfín de opciones que internet ofrece a sus usuarios para que compartan, interactúen y vivan en comunidad, aunque en este caso, con sembrados y cobertizos de por medio.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)